Septima Compañia de Bomberos
“Bomba España”
Valparaíso
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Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho.—La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.
Antonio Machado
Hoy, 21 de junio, se celebra en los hogares chilenos al padre, esa figura del hombre que domina a los leones, el valiente que cruza las estepas en busca de los malhechores, el que tiene tanta fuerza como Superman. El que nos invita a jugar a la pelota con la camiseta que nos regaló. Es quien nos guía y nos guió por el buen camino, quien nos enseñó el significado de la responsabilidad y que la valentía no se mide por los actos heroicos, sino por el firme deseo de hacer el bien.
Hoy saludamos a ese enorme padre que nos llevó sobre sus hombros tras una banda musical, el mismo que de la mano nos condujo a un desfile de bomberos. Aquel que leyó en nuestros ojos la tristeza y, sin necesidad de preguntar, nos brindó su apoyo. Sí, a ese hombre grande y sincero que tal vez hoy luce sus cabellos blancos y que un día nos enseñó el amor por su apellido.
Al padre que nos enseñó el honor y el respeto, quien nos explico la palabra justicia. El mismo que nos presentó que dentro de un libro hay un mundo para aprender.
Es el hombre que nos llevó al colegio para aprender nuestras primeras letras, el mismo que nos recibió con un abrazo cuando triunfamos en algo, por pequeño que pareciera. Para él, sin embargo, cada logro era grandioso, y con ello nos hacía sentir grandiosos a nosotros también.
¿Cómo comenzó esta celebración? Su origen se remonta nada menos que al año 1508, cuando la Iglesia Católica comenzó a rendir homenaje a la figura paterna. Tradicionalmente, el Día del Padre se celebra el 19 de junio, festividad de San José, a quien se conoce como el paternal Nutritor Domini (“Nutridor del Señor”), por haber sido el padre terrenal de Jesús.
Esta tradición fue llevada a América por sacerdotes españoles y portugueses. La Iglesia Católica siempre fue defensora de esta festividad en el día de San José, y se cree que fueron los franciscanos quienes impulsaron especialmente su celebración.
La verdad es que reconocer a nuestro padre, ya sea biológico o adoptivo, es un acto de gratitud y amor. Incluso existen hombres que, sin ser padres, han asumido esa figura con entrega y generosidad, muchas veces sin proponérselo. Lo importante de esta celebración es el cariño que expresamos y que ofrecemos como recompensa a sus desvelos, enseñanzas y amor incondicional.
Hoy es el momento de abrazar a nuestro padre y decirle cuánto lo amamos.
Hablando al padre
Gabriela Mistral
Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor…
Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.
Tuya me sé
pues que miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.
Me has de ayudar
a alimentar
como una llama azul mi juventud,
sin material
basto y carnal:
¡con olorosos leños de virtud!
Por cuanto soy
gracias te doy:
porque me abren los cielos su joyel,
me canta el mar
y echa el pomar
para mis labios en sus pomas miel.
Porque me das,
Padre, en la faz
la gracia de la nieve recibir
y por el ver
la tarde arder:
¡por el encantamiento de existir!
Por el tener
más que otro ser
capacidad de amor y de emoción
y el anhelar
y el alcanzar,
ir poniendo en la vida perfección.
Padre, para ir
por el vivir,
dame tu mano suave y tu amistad,
pues, te diré,
sola no sé
ir rectamente hacia tu claridad.
Dame el saber
de cada ser
a la huerta llamar con suavidad,
llevarle un don,
mi corazón,
¡y nevarle de lirios su heredad!
Dame el pensar
en Ti al rodar
herida en medio del camino. Así
no llamaré,
recordaré
el vendador sutil que alienta en Ti.
Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dé tu arrullar
hondo el soñar.
¡Hogar dentro de Ti nos has de hacer!
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